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Cruza rapidito porque este puente no va a soportar por mucho tiempo el peso de los dos y caeremos al vació y tene cuidado porque si los dioses dudan no nos protegerán.
Ella se asusto mucho pero la vos de el la tranquilizo y corrió detrás suyo y justo cuando ponía su pie en el ultimo lugar seguro, el puente se desbarranco y ella se aferró a la mano de el que la retuvo con firmeza, ahora ya no había retorno no podían volver a destino pero poco importaba para que volver.
Siguieron caminando y la noche se cubrió de estrellas y el le mostró cada constelación
No hacia frió y se tiraron en el pasto a mirar el cielo y les pareció tan inmenso se rieron como solo se ríen los niños, midieron la luna con el pulgar de su dedo y el vuelo de un pájaro les estremeció la piel, el con un pase de su mano espanto a todos los habitantes nocturnos que los acechaban y ella se sintió segura en su presencia.
Prendieron una fogata con ramitas secas y un remolino de luciérnagas se enredo en el pelo enrulado de ella iluminado su cara, el se alejo para mirarla alumbrada y ella lo llamo porque si no que sentido tendría compartir su luz, entonces el se sentó a su lado sonrió con su sonrisa ancha y paso su mano por el hombro de ella y ella recosto su cabeza en el pecho de el y se durmió alumbrada, no ya por las luciérnagas si no por su mirada. La salida del sol trajo la visión clara de los peligros que se acercaban.
Los pasos de un inmenso animal hacían vibrar el suelo que pisaban, entre los arbustos asomo un feroz espécimen de dragón medieval, el agito frente a los ojos de la bestia su humilde varilla, la cual utilizaba para defenderse de los monstruos que su mente creaba debajo de la cama, cuando la noche oscurecía su habitación y el insomnio lo habitaba.
El dragón miro fija la varilla y se acerco un poco mas, el instinto jugo por su sangre y ella se cruzo entre ambos moviendo la capa color obispo que la cubría, el animal la miro asombrado, calculando como en una sola expiración podría dejarla calcinada, pero la valentía de ambos le hizo desistir de tal intento, pensó que el mundo seria bello solo con la existencia de estos dos envalentonados, giro sobre sus propios pasos y se perdió nuevamente entre los arbustos.
Que noche y que día vivieron ¡!!!
Cuando el sol ya perfilaba hacia el horizonte el tomo la mano de ella y la invito a sumergirse en el agua clara de un espejo inmenso, que una cascada formaba entre el verde de la pampilla, ella no dudo y ambos nadaron de orilla a orilla disfrutando del agua que se escurría por su cuerpo. Luego se tendieron a esperar la caída del sol.
La noche traería otros miedos pera ya poco importaban si podían encontrase para disiparlos, el con su varilla y ella con su capa color obispo.
Y si los miedos se iban podrían dedicarse simplemente a ser niños.
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